El viernes por la noche en internet, me encontré de nuevo ante mi Amo y Señor. Temblaba en el interior de mi ser. Sentía su fuerza dominante ante mí, ni podía ni quería negarme a sus demandas. Me pedía cam yo se la enviaba rápidamente, deseaba ardientemente estar con él y quería que me amara y me deseara más allá de lo razonable, quería que rompiéramos las barreras que nos ataban y que nos entregáramos ambos sin límites. Que nuestros cuerpos caminaran al ritmo del deseo, que nuestros corazones experimentaran las mismas emociones como al unísono en una melodía romántica y sexual a la vez, que nuestras almas se armonizarán en el destino común que mañana a las cuatro de la tarde viviríamos. Manifestamos ambos nuestros sentimientos de amor y gozo por el próximo, inminente encuentro. Recibí las últimas instrucciones que como sumisa y sierva debía seguir. Mi cuerpo desnudo y tenso, desprovisto de todo miedo y pudor, anhelante y ardiente se mostraba a su Amo para su entero placer, sin pedir nada, sólo objeto de sus manos, y deseo de su mente.
Quería con todo mi corazón amarle como amante y sumisa, él era el hombre que desde el principio de mi consciencia yo esperaba. Mi Amo me comprendía plenamente, comprendía mis deseos, mis frustraciones, mi búsqueda, mis vacilaciones, mis pensamientos, mis sentimientos, mis impulsos más primitivos. Era la primera vez que me sentía comprendida en lo más intimo de mí misma. Estaba ansiosa de llegar al lugar señalado. Las dudas sobre su equilibrio me asaltaban y, sin embargo, recordaba sus palabras, que a mis oídos sonaban llenas de sinceridad, de amor y deseo.
Anduve hasta la gasolinera, los empleados me miraban con extrañeza. Quien sería la hembra que con camisa entreabierta, minifalda, medias negras caladas y zapatos de tacón alto atraviesa delante de nosotros y permanece de pie esperando. Mis labios de color rojo, mis ojos maquillados, mi pelo largo, suelto y ondulado, mi bolsito. Mis sentidos excitados, mi mirada brillante y altanera. Mi corazón enamorado. Mi alma turbada... sedienta y hambrienta de mi Amo. Apoyada en un muro. Lo prohibido se acercaba hacia mí y le sentía cerca, cada vez más cerca.
Llegó hasta mí buscando mi boca roja con su boca, buscando mi lengua con su lengua. Una mano me aplastaba una teta tratando de palpar su volumen. Otra mano debajo de mi falda tomaba mis labios rasurados y palpaba la humedad desbordante de la espera. Me ofrecía empujándome hacia él. Estábamos absortos saboreando nuestras bocas y sintiendo nuestros cuerpos calientes. Sentimos las miradas de los empleados. Me susurró mientras me seguía besando.
- Te siento una puta llamando la atención de los machos que buscan montarte también. Ellos te han olido, han sentido tu aroma sexual de perra en celo.
Un latigazo de fuego recorre mi cuerpo y me estremece.
- Señor tu eres mi Amo. Y a ti me debo, quiero servirte...
- Soy tu chulo... soy tu Amo y señor...
Los machos se excitaron, observaron como mi Amo seguía metiéndome mano, besándome, estrujando mi teta. Se tocaban la bragueta, sus pollas escucharon la llamada de la sirena. Pero yo sabía que antes de ser gozada por ellos debía ser gozada por mi Amo que esperaba de mí la flor de mi sumisión.
Subimos a la habitación, antes de entrar, me besó en el pasillo, me subió la falda y acarició mis nalgas, mientras su polla me envestía a través del pantalón. ¡Dios! Como deseaba que me hiciera suya, como deseaba que fuera mío. Se abrió una puerta pero mi Amo siguió mostrando mi culo a quien quiera que fuere. Me hizo entrar mientras yo balbuceaba que quería ser suya para siempre.
- ¡Desnúdate! – Una voz firme me ordenaba secamente.
Comencé desabrochando los botones de mi camisa, y la deslice lentamente desde mi cuello hasta el suelo. Desabroché mi falda y la dejé caer hasta el suelo. Desabroché mi sujetador y cayó también. Desabroché mis ligueros y liguero y medias cayeron. Quité mis zapatos y quedé desnuda ante él. ¡Qué gran momento! Como había deseado estar así desnuda, desvalida delante de él. A su total disposición.
Me entregó el corset. Negro, de cuero, cubría desde mi cintura hasta el nacimiento de mis pechos, subía mis tetas y las dejaba al aire.
- ¡Exhíbete como una puta, para tu Amo!
Comencé mostrando mi cara, mi cabeza, mi cuello, mis brazos. Tomé mis pechos con mis manos por debajo y ofreciéndoselos, le dije - son para ti, Amo -. Bajé mis manos sobre mi vientre y le mostré mi pubis.
- ¡Ábretelo! Que lo vea bien. Separa las piernas.
Con mis dedos abrí mis labios y quedó al descubierto mi clítoris. Yo me estaba volviendo loca de placer de enseñar a mi Amo mi mejor guardado secreto. Mandó que fuera hasta él. Lo tomó entre sus dedos y tiró de él. Me dolió, pero era suyo y yo ya estaba entregada como su objeto. Me di la vuelta y en mis nalgas, me dio unos azotes, diciéndome,
- Con que andas haciendo cibersex sin mi permiso. Sabes que eso no me gusta, lo sabes verdad.
- Sí, Amo.
Incliné mi torso hacia delante y mi Amo palpó mi chocho y metió sus dedos. Yo estaba contenta de ofrecer a mi Amo mi chocho mojado, henchido de placer y rebosante de amor. Abrió mis nalgas, palpó mi ano y me metió el dedo, sin hacerme daño. Había hecho sus ejercicios y me sentía preparada.
Se dio cuenta que no llevaba tatuado su nombre en el culo como me había ordenado, pero no dijo nada. Me mando sin más al rincón preparado para mí. Fui a cuatro patas como si fuera una perrita. En él estuve de rodillas, sentada sobre los talones, con la cabeza baja, las palmas de las manos hacia fuera. Mi Amo se fue y me dejó.
Era una habitación muy amplia, en el medio un arco apoyado en dos columnas de estilo dórico. Enfrente del arco un espejo que ocupaba toda la pared. Por detrás un tresillo y una cama. La luz entraba por un ventanal que ocupaba parte del techo y la pared. Iluminaban los haces de luz el arco blanco impoluto y lo hacía bello y grandioso, pasaba la luz por en medio, reflejándose en una parte del espejo.
Sentía como mi chocho y mi boca se mojaban y hasta mi ano. Me excitaba la situación.
Volvió mi Amo con paso firme y se sentó en el tresillo, cogió el gato de colas y la fusta y empezó a acariciarlos, me mandó venir hacia él y desnudarlo lentamente. Cuando estuvo desnudo me ordenó:
- ¡Chúpamela! Como lo hacen las putas.
Llevaba la boca entreabierta, saqué mi lengua y comencé a lamer su capullo, su punta ardiente, su pene, sus huevos, me la metí en la boca y empecé a mover mi cabeza al ritmo que marcaba mi Amo mientras me agarraba del pelo y marcaba la cadencia. Su cuerpo y el mío estremeciéndose. Me ordenó que me pusiera en medio del arco, frente al espejo, con los brazos en alto y apoyadas mis manos en las columnas. Entonces, yo deseaba que comenzasen mis azotes. Sabía que me lo merecía.
Mi Amo se levantó y dijo:
- Mereces un castigo ejemplar por haber desobedecido mis órdenes. Quiero que tu culo esté marcado por mi nombre, por el nombre de tu Amo y Señor.
Y... comenzó a flagelar mis glúteos con el gato. Yo gemía suavemente. Él me besaba el cuello. Continuaba...azotaba mi espalda.
- Te he dicho ya, que en presencia de tu Amo, las piernas nunca juntas. ¡Sepáralas!...
Me azotó entre las piernas, me daba con las colas en el chocho y yo disfrutaba como una zorra. Mi Amo ató mis manos en las columnas, también ató mis tobillos. No podía moverme, sólo inclinarme hacia delante. Mi Amó siguió flagelando mis nalgas, mi espalda, mis hombros, entre mis piernas. Tomó después la fusta y empezó a pegarme con ella, gritando que el culo era suyo y que tenía que estar marcado. Escribió su nombre en mayúsculas TONET.
Mientras me marcaba como una perra. Yo le decía te amo Amo, te amo con todo mi corazón, márcame como tuya, como tu puta.
Rodeó el arco y se puso frente a mí. Tomó el collar negro de cuero y me lo colocó en el cuello. Me cogió del pelo, me echó la cabeza para atrás y dijo:
- ¿Qué eres?
- Tu perra Amo.
- ¿Qué deseas de tu Amo?
- Amarle y servirle como su perra y puta, como mi único Amo y Señor. Y merezco castigo por desobediencia.
- Así es. Soy tu único Amo. Y como tal te debes toda a mí.
Mi cuerpo se estremeció de placer y dolor cuando sentí las colas del gato envolver mis tetas, golpear mi chocho. Sentí su fusta sobre mis pezones, en mi chumino...¡ay, Señor, cuánto placer! Un instante de placer y dolor. Las pinzas en los pezones, un ¡ay! en cada pezón. Por quejarme, me colocó otra pinza en cada uno de mis pezones. Me besó con su lengua, me besó los labios. Se agachó y lamió su clítoris y su chocho, mientras mi corazón latía cada vez más deprisa. De pronto, tomó su clítoris y puso el succionador.
- Amo, Señor... te amo, te amo.
- ¡Gózalo perra! Aprende que solo tu Amo te hace gozar hasta el frenesí.
Yo gemía de placer y de dolor, me daba a mi Amo. Mi Amo me hacía suya y cada instante que pasaba era más de él, formaba un todo con él y concebía mi cuerpo, mi corazón, mi mente como parte de su cuerpo, de su corazón y de su mente.
Me dejó así. Yo le llamaba, gritaba su nombre y le pedía que me tomara, que tomara su perra y su puta. Pero mi Amo estaba tumbado en la cama. Me observaba y fotografiaba mi culo con su nombre. Ese culo virgen que yo quería que él hiciese suyo y que me desvirgara.
Mi Amo ordenó que moviera el culo como una perra y que se lo mostrara. No sentía el succionador, no me daba cuenta, tal era la excitación de mi chumino.
Mi Amo se puso detrás de mí, llamándome e insultándome:
- Eres la más puta que conozco....
- Sí, mi Amo.
- Soy tu chulo y a partir de ahora mismo, vas a follar con quien yo te diga, entiendes.
- Sí, Amo, con quien tu digas follaré.
Mi Amo me besaba por detrás y ponía su polla tanto en mi chocho como en mi ano. Yo inclinada hacia delante. Su polla dura tanto rozaba mi ano como mi chocho. Yo no sabía por donde me usaría, sólo me movía como una perra encelada. Seguía besándome y diciendo que era mi chulo y que él elegiría los machos que me follarían, que yo sólo tenía que obedecer si quería satisfacerle plenamente.
Yo seguía gimiendo de dolor y placer. Mi Amo me quitó el succionador. Lamió su chocho mientras yo me retorcía de placer. Su lengua entraba en mi chocho y saboreaba mis ricos jugos. Me puso un par de pinzas en cada labio de su chocho.
Volvió a mi espalda, me agarró las tetas, me dijo que me mirara en el espejo. Una imagen que me excitó aún más, saqué la lengua. Mi Amo me rozaba con mi polla su chocho y su ano.
Abrió mis nalgas, me puso el lubricante, me hizo inclinarme deslizando mis manos sobre la columna, y comenzó su entrada en mi universo, suavemente, hasta que su polla estuvo toda adentro.
- Te estoy dando por culo, perra. ¿Te gusta?
- Sí Amo, me gusta.
- ¡Toma, perra, toma! ¡Toma la polla de tu Amo! ¡Siéntela, zorra!
Tanto la metía en su chocho y yo gritaba de placer, tanto la metía en su ano y yo gritaba de placer. Me follaba por uno y otro lado, hasta que dándome por culo, con empujones firmes y secos, me ordenó que me corriera y gritara, mientras él se corría dentro de mi culo y tomaba posesión de lo suyo como Amo.
Nuestros gritos inundaron la habitación y como una melodía celeste se elevaron rítmicamente hasta el cénit. Reinaba una gran armonía. Por fin, éramos el uno del otro.