Despertar de la puta
Dormí poco, estaba nerviosa y atolondrada, sólo de pensar en mi Amo me excitaba, qué me habría preparado para aquel día tan importante de mi vida. Era una locura y yo lo sabía, pero mi inconsciente me decía que tenía que seguir adelante. Era el sueño de mi vida, quería que fuese realidad. Quería ser sometida, quería entregarme a las fuerzas del destino, entregada ...sin decir nada, sólo mi ser el instrumento de un placer común.
Acurrucada en las sábanas, excitadísima, sin poder tocarme ni acariciarme, mi Amo me lo había prohibido expresamente. Daba una vuelta y otra, queriéndome amar, queriéndome poseer y poseer mi destino, pero ya lo había entregado sin retorno a aquel hombre que día tras día durante tres meses me ordenaba, que cada noche a partir de las diez estuviera desnuda delante de la cam, enviándole las imágenes de una mujer que se consumía interiormente, de una mujer que quería ser gozada por su Amo y por los hombres que a él le placieran. Habíamos consensuado que sería usada por alguien más. Esta idea me angustiaba, me sobresaltaba, me dejaba exhausta de fuerzas cuando en ella me complacía.
Me levanté, me miré en el espejo, era yo, la misma mujer que ayer, la misma que hoy después ya no sería. Desnuda dormía, según sus estrictas normas y desnuda permanecí delante del espejo, me acaricié mi chocho y comprobé que necesitaba ser depilado. Me preparé y depilé el húmedo chocho, mojado, inflamado. Me duché y sequé, volví a mirar ese coño húmedo que soñaba él mismo sin mi consentimiento el momento de ser poseído. Me pusé la cuerda de mi Amo, un cordón de seda blanco, doblé el cordón, lo coloqué en mi cintura y pasé los extremos por el doblete, que me coloqué detrás y luego pasé el cordón por mi ano, por mi chocho hasta llegar a mi ombligo en donde me lo até, apreté fuerte, sentí el cordón entrar en mi chocho, y por entre mis labios, me hacía daño, pero las órdenes que mi Amo me había dado exigían sin excusas, que el cordón apretara mis genitales. Pronto el cordón se humedeció. Me vestí una falda corta, y una blusa estrechita que se abotonaba. No llevaba ni sujetador ni bragas. Cuando estuve preparada para emprender el viaje, me puse las medias negras y unos tacones negros de aguja, el liguero...
Me miré al espejo, me pinté los labios. El pelo me lo recogí en una coleta alta. Me miré de frente, de perfil, de espaldas...no había duda parecía una puta.
Despertar del Amo
Durmió poco, estaba nervioso y excitado, hoy era el día señalado. Se tocaba los huevos, la polla y se decía para sí mismo “hoy vais a tener una zorra entera para vosotros, todo lo que la pidáis os será concedido”. No importa que otras zorras que hayáis deseado os hayan rechazado, ésta os deseará, gritará para teneros dentro de ella.
Tengo todo que prepararlo muy bien, tener todos los detalles a punto, el collar de mi perra, las pinzas de mis pezones, la fusta, el látigo, las pinzas para el chocho, la cera, el dildo anal, el dildo vaginal, las pinzas del clítoris, la cuerda, el bozal, la venda, quiero que no me falte nada. La cámara digital, el video, el pórtatil, la cam, el audio, el guión. Sí, el guión no podía olvidarse, marcaba exactamente las acciones que había de realizar la perra. No podía haber errores en la sucesión de hechos.
No la amo, no estoy enamorado de ella, sin embargo, la deseo, deseo que sea mía por fin y hacer de ella lo que yo quiera sin restricciones. No está mal, pero no es mi tipo de mujer. Sólo me interesa de ella que me dé el gusto de ser su Amo y que los demás sepan que soy yo quien mando sobre su cuerpo, sobre su mente, que su voluntad es la mía y que hago de ella lo que quiero. Si quiero que folle, folla, si quiero que pare, para, si quiero que se corra, se corre, si quiero que esté de rodillas, de rodillas está, si quiero que lama mis botas, lame...si quiero que se abra de piernas, se abre, si quiero meterla el dedo, se lo meto, pero besarla...no, besarla, no. No veo ninguna necesidad de besarla, es una zorra y es lo que le gusta. Yo la trateré como un objeto de placer, como una esclava, como una zorra.
Voy a ir impecable, con mis botas brillantes, mi cinturón con clavos, mi chupa, mi pañuelo al cuello, de señorito y mis gafas negras. Ah, que no se me olviden las esposas.
Es un gran día para mí, otra mujer que cae en mis manos, me adula tener una cerda más en mi cuadra. Pronto si se porta bien, la llevaré a la casa rural y allí ya seremos más para abusar de ella. Pero hoy hay que ir despacio. No conviene asustarla. Es su primera vez, y tengo que hacerlo sin que se espante, más bien que desee recomenzar rápido, justo el tiempo de preparar todo y otra vez tenerla a mi disposición, para mis amigos.
Me gusta regalarla a mis amigos, eso hace que me respeten. Cada vez que una sumisa cae en mis manos ellos me admiran más y más... Eso me importa tanto como los polvos que voy a echarla. La cubriremos de polvos todo el cuerpo.
Voy a llamar a Pedro, a ver a qué hora pasa a recogerme.
Pedro se encontraba en camino, a cien kms y no dejaba de pensar en como sería el encuentro con ella, la conocía por cam, habían entablado sólo diálogos sexuales mandados por el Amo, había percibido la naturaleza de puta que la embargaba. Él sabía lo que de ella adoraba, adoraba mostrarla a su Amo excitada y reventada de placer. Adoraba someterla y metérsela por el culo, adoraba insultarla y decirla lo muy zorra que era, adoraba ver la mirada de una puta usada hasta dejarla exhausta y volverla a someter y mostrarla al Amo indicándole lo mucho que la hacía mojarse, chorrear, adoraba mostrar como quedaba su sexo después de usado y dejarlo plasmado en fotografías que haría su amigo de Madrid.
Casi debería parar el coche y hacerse una paja de tanto pensar en como iba a disfrutar su polla del uso de aquella posesión cedida para su sólo disfrute. Él no solía saber ligar con las mujeres, su cuerpo robusto pero corto no llamaba la atención a las hembras. Su calvicie precoz, creía él que no le favorecía a la hora de atraer a una hembra. Sin embargo, de una cosa si estaba seguro, su modo de tratar a una zorra en disposición de ser usada las volvía locas y eso le colmaba su ego pues sabía que satisfacía los deseos más íntimos de aquellas zorras que se atrevían a entregarse a él. En esta ocasión, la zorra le iba a ser ofrecida en bandeja y sabía que no fallaría. Haría gozar a la zorra, a su Amo, al fotógrafo y él eufórico de satisfacción también gozaría ordenándola lo que se le antojara. Sabía bien lo que debía hacer.
Estos pensamientos le dejaban trastornado, cuando sonó el móvil y le devolvió a la realidad. Debía darse prisa si quería recoger al Amo y estar a la hora señalada para el encuentro de éste y la sumisa. Al mismo tiempo, la punta del rabo le quemaba, casi no se podía aguantar. Sí, quería correrse y aguantarse al mismo tiempo. Decidió poner música y pensar en la carretera.
EL ENCUENTRO
Ella iba completamente mojada hacia el hotel que había reservado el Amo. Era un hotel que el Amo ya sabía de su mobiliario y distribución, y sabía que cada mueble iba a ser utilizado para un sometimiento. La zorra andaba lentamente, con miedo, con indecisión, no sabía si volverse atrás, aún faltaban diez minutos para la hora señalada. Pasó a la cafetería del hotel y tomó asiento y bebió lentamente el café. Llegó la hora, pasaron diez minutos, media hora, su Amo no aparecía. El cordón que apretaba su coño empapado, las manos sudorosas, el ritmo cardíaco acelerado, la respiración entrecortada, los pezones erectos, las tetas hinchadas, la mirada pérdida ....cuando de pronto apareció su Amo, se miraron, ella bajó la vista, su Amo se acercó y le indicó que se levantara y le siguiera.
Subieron en el ascensor, ella apoyada en una pared, mientras su Amo la metió la mano en el chocho para comprobar que llevaba el cordón. Caminaba detrás de él, sin decir nada, ambos en silencio. Entró él, luego ella.
- Arrodíllate
- Sí, Amo – dijo, con la cabeza gacha-.
- Adora mi polla – mientras le ofrecía su abultamiento-.
- Sí, Amo.
Comenzó con las manos a acariciar la polla de su amo, abrió la bragueta, sacó la polla y al mismo tiempo que recibió la orden de chuparla, sacó la lengua para aproximarse a la punta. Sintió el ardor del deseo de su Amo.
- Prepárate para la sesión
- Sí, Amo.
Entonces de rodillas ella se quitó la camisa lentamente, se quitó la falda, y se colocó un corset negro que dejaba sus tetazas al aire y quedó de rodillas, con las palmas de las manos abiertas.
Su Amo le ordenó que se pusiera en posición para hacerla la exploración. Ella se levantó, se quitó el cordón, se lo ofreció a su Amo, separó sus piernas, se agachó y puso una mano en cada tobillo. El culo levantado y abierto, simplemente en pompa. Su Amo le metió cuatro dedos en el chocho y lo estuvo tocando, palpando, y abriéndolo. Después con dos dedos exploró el ano, sabía que era delicado.
Yo sentía como me hacía daño y como me metía mano sin miramiento. Decidió mi Amo, sacar el látigo y azotarme, mientras yo cada vez que chocaba el látigo contra mí, decía simplemente, ¡ay! Y mi Amo se animaba a azotarme con más fuerza. Después se aseguraba de que me mojaba más y más. En estos momentos, alguien vino, era el fotógrafo. Tomó mi culo y mi chocho en la cámara. Se fue al minuto. Y mi Amo me mandó tumbarme en la cama boca arriba con los brazos tendidos a lo largo del cuerpo. Yo no sabía que sería lo siguiente, mis tetas estaban erectas, como esperando, y sí, en ese momento mi Amo me colocó una pinza en un pezón. Me dijo que separara las piernas, que le ofreciera el clítoris abriéndomelo con mis manos y en ese momento dejó caer su látigo en pleno clítoris, repitió tres veces, mientras yo decía ¡ay!...¡ay!...¡ay! Me puso otra pinza en el otro pezón.
- Dime que es lo que eres
- Soy tu sumisa Amo
- Dime cómo te sientes
- Me siento puta, Amo.
- Te sientes una puta
- Si, Amo
- No, todavía no eres una puta, para serlo lo tienes que demostrar.
- Sí....
- Sí... qué ...
- Sí, Amo.
Y volvió a soltar su látigo sobre mi chocho. ¡Ahg!, me dio fuerte. La idea de ser preparada para ser lo que deseaba ser, sólo ella me hacía sentir un frío en mi cuerpo que me recorría como difuminado con cada poro de mi piel cuando el látigo caía sobre las pinzas de mis pezones.
Bien, está casi preparada, lleva dos días sin pajearse, pensando en ello, pensando intensamente en este momento... Está llena de deseo, se lo noto, sus tetas inflamadas, que por cierto son preciosas. Me gustan, podré hacer con ellas lo que quiera. Son tetas que excitarán mucho, ofrecen posibilidades... Uhmmmmm......Me masturbé anoche antes de dormir. Ahora estoy excitado pero controlo perfectamente la situación.
- Chúpamela
Abrí la boca y con la lengua comencé a lamer el capullo de mi Amo. Parecía insensible, sólo decía - sigue, hasta que te diga. Se la dejé tiesa. La escondió en el pantalón. Y cogió las velas. Me ordenó que cerrara los ojos, mientras me iba rociando lentamente en mis tetas, en mi vientre, en mis labios de su chocho con la cera caliente, ese instante donde se funden el frío y la quemazón, su voluntad con la mía.
Me bajé de la cama, me puse a cuatro patas como un animal, me acerqué a mi Amo, lo miré.
- Quieres ser mi perra
- Sí, Amo.
- ¿Cómo te sientes?
- Como tuya Amo
- ¿Quién eres?
- Soy tu perra, Amo
- Estás segura de querer ser mi perra.
Podía echarme atrás. No ya no. Imposible. Me abandonaba como una perra al cuidado y protección de mi
Amo. El collar de perra que me puso indicó que como suya estaba ya amarrada a él, a su solo servicio. Quiso él ser el primero en sentir mi cuerpo húmedo y hambriento. A cuatro patas, unas cuántas envestidas por delante, un gemido ¡ ahhhggg, ahhgg!. Me la sacó de golpe. Me la metió por detrás, un gemido, ¡akg, akg...! Me la sacó de golpe. Y me mando andar a cuatro patas hasta la otra habitación.
Amo. El collar de perra que me puso indicó que como suya estaba ya amarrada a él, a su solo servicio. Quiso él ser el primero en sentir mi cuerpo húmedo y hambriento. A cuatro patas, unas cuántas envestidas por delante, un gemido ¡ ahhhggg, ahhgg!. Me la sacó de golpe. Me la metió por detrás, un gemido, ¡akg, akg...! Me la sacó de golpe. Y me mando andar a cuatro patas hasta la otra habitación.
Subí a una mesa grande rectangular, me tumbé, los brazos arriba de la cabeza, las rodillas flexionadas y abiertas. Me ató las manos a las patas de la mesa, me volvió a azotar en el coño porque a veces juntaba las rodillas. Se puso en frente de mis piernas, me abrió el culo y me metió el mango de su látigo.
- Ya tienes rabo, perra. Así pareces una auténtica perra. ¿Qué eres?
- Soy, una perra, Amo. Tu perra.
Estaba yo tumbada, las manos amarradas a la mesa, la cabeza recta, el pelo algo alborotado, los labios rojos, el collar de perra, las pinzas en las tetas, el corset negro ceñido, el liguero, las medias, los zapatos, las piernas flexionadas, abiertas, los labios llenos de cera, el látigo en el culo......Mi Amo en una silla sentado, observando su obra, dándome órdenes y haciendo que las cumpliera de forma inmediata. Me quitó las pinzas de las tetas. Mis pezones quedaron tiesos. No sabía si mi Amo estaba excitado, creo que aún era pronto, sólo hacía dos horas que llevábamos juntos, y sólo se estaba calentando.
Marcó el teléfono de Pedro y me lo puso.
- Díselo
- Estoy preparada, mi Amo me ha preparado
- Dile lo perra que eres.
- Mmmmmm....Soy ahhgg... la perra de mi Amo.
- Díle que le estás esperando.
Entró el fotógrafo, me tomó las fotografías desde varios ángulos y se fue. Era un chico joven y guapo. No le había visto nunca, ni tampoco que las fotos me las tomaría él. No sabía de que color eran sus ojos. Yo lo miraba sin mirarlo. Sólo vi mientras andaba a mi alrededor, que respiraba fuerte.
Oí unos pasos fuertes, firmes. Mi Amo se fue. Pasó un rato largo. Me chorreaba. Sentía mi rabo, mi cuello, mi corset, y cerraba y abría mis rodillas, meneando mi chocho y a veces, lo dejaba abierto sin mover. Oía como hablaban y resonaba en mis oídos el sonido de sus palabras. Temblaba...
Se acercaron a mí riendo los dos. Mi Amo dijo – aquí está la perra que te espera-. Pedro calló, me abrió las rodillas y allí encontró mi coño mojado, el rabo que salía del culo. Sacó su fusta y me dijo – quiero saber como te sientan mis instrumentos. ¡Zás! ¡Zás! En un pezón. ¡Zás, zás! En el otro. Se pusieron tiesos. ¡Zás, zas! En uno y en otro. Y riendo me preguntó si me gustaba.
- Sí, Amo.
- ¡Ábrete! Quiero tu sexo abierto...más ...más...
Temblorosa abrí mis piernas, tomó el mango del látigo y comenzó a moverlo.
- ¡ayhhhg, ayhhg! ¡aggf!
- ¿Te gusta, eh?
Vino a la altura de mi cabeza, se bajó la cremallera, se sacó su rabo, me lo enseñó, me acarició la cara con el capullo y luego me lo metió en la boca. Casi me ahogaba, me envestía de vez en cuando empujándola hasta lo más profundo de mi garganta y me dejaba respirar, mientras decía – me gustan las perras como tú, chupapollas -. Me la sacó de golpe. La tenía erecta, muy tiesa, caliente, muy caliente. Y quería correrse y disfrutar más al mismo tiempo. Así, vino el fotógrafo, se puso en frente de la mesa, mi Amo sentado a mi izquierda. Entonces, Pedro tomó el látigo y empezó a darme en las tetas, en las piernas, en el vientre, en el chocho y cuando ya tenía toda la piel enrojecida me pegó con la fusta en mis partes, en mis pezones hasta dejármelos doloridos. Después se puso frente a mi sexo y envistió fuerte, mientras me decía que dijera lo que era y me envestía a cada frase y hasta dentro cuando escuchaba de mis labios las palabras que describían mi situación.
- Vamos perra dinos que eres.
- Soy una perra sumisa.
- Dilo mirando a tu Amo.
- Amo, mira lo que soy. Una perra en celo.
- Dile lo muy puta que eres, vamos díselo.
Me cogió del pelo, girándome la cabeza hacia mi Amo. Y con los ojos brillantes, excitados ellos mismos, con las mejillas rojas, con la boca entreabierta y mi cuerpo ya sintiendo que otro amo me usaba, medio balbucía:
- Soy muy puta Amo. Soy tu puta. Tu puta que usan tus amigos para tu placer.
- Mira como la follo. Te gusta fotografo. Haznosla con mi polla usando su coño inflamado.
Mi Amo me dio orden de moverme al compás y de no dejar de follar hasta que me corriera como una perra, gritando de placer. Pedro se movía, se reía, se enfurecía de placer de verme con tantos deseos de su polla. Seguía follándome ....y yo no podía más, sentía un calor inundar todo mi cuerpo, sentía las fotos en mi chocho, en su polla, estábamos a reventar. De pronto, Pedro paró y dijo al fotógrafo:
-¿Te gusta muchacho? ¿Te gusta como se mueve? Anda, cómetelo. No te preocupes ya ves lo golfa que es.
El fotógrafo se arrodilló y me lamía el clítoris. Yo seguía moviéndome. Entonces, Pedro acercó su cipote a mi boca, me lo metió y me la folló mientras el fotógrafo ahora era mi Amo y captaba la imagen. Pedro cogiéndome del pelo me follaba la boca, el fotógrafo me lamía y me metía los dedos, mi Amo cogío la fusta y me dio en los pezones.
- ¡Vamos, perra, córrete ya.!
Se corrió Pedro en mi boca y la corrida me saltó por toda la cara, mientras la perra de mi Amo gritaba:
- ¡AAAAAAAAAHHHHHHHG, AGGGGGGGGGF, AAAFFFFFFFFFFM, AAAJJJJAAAAAA, AAAAYYYYYYYKKKKK, AAAAAYKKKKKKKK!
Mi Amo me chupó el coño saboreando mis jugos y me la metió, queriendo correrse, pero se detuvo. Me desató, me ordenó que me levantara lentamente, que me bajara. Me puse de rodillas, con la cabeza baja, sin osar mirar a mi Amo. Ellos se fueron a la otra habitación, se fumaron un cigarrillo, bebieron, rieron, charlaron y después de un rato, mi Amo me llamó. A cuatro patas fui.
- Exhíbete, zorra. Baila y exhíbete. Exhíbete para el muchacho.
Mientras me exhibía mi Amo me metía la mano, el dedo, me tocaba y pellizcaba las tetas.
- ¿Te gusta? Anda follátela. Follátela.
Me acerqué al fotógrafo, le chupé su polla y después me puse a cuatro patas en frente de él. Se arrodilló, me tomó de la cintura, me agarró las tetazas y me usó. Me usó como un objeto. Mientras mi Amo y Pedro, me decían que era una golfa, una guarra, una puta que merecía ser tratada como tal. Hasta que se corrió dentro de mí. Después me volví hacia él y se la volví a chupar hasta libar sus jugos más íntimos.
Mi Amo estaba muy excitado de ver como su puta era usada por desconocidos. Se excitaba de saber que su puta era muy guarra y que haría todo lo que él quisiera. Saber que dominaba a la perra le ponía a tope, pero quería una vez más comprobarlo. La puso de cara a la pared y comenzó de nuevo a castigarla con el látigo. Pedro decía que le faltaba para saber follar, que había que enseñarla, que no lo había hecho del todo bien, que ese coño y ese culo eran estrechos. Mi Amo decidió entonces que me pusiera sobre la cama a cuatro patas. Introdujo, después de golpear con su mano mi chocho, un dildo, ordenándome que no se me cayera. Y luego, abrió mi culo y metió el otro.
Quedé a cuatro patas con los consoladores puestos. Se pusieron en internet, pasaron a una sala, pero mi Amo dijo que no, que quedaría para otra sesión. Mi Amo y Pedro jugaron a las cartas, y cuando uno de ellos ganaba, yo se la chupaba.
- Así me gusta, puta. Y ahora nos vamos a divertir contigo.
- Amo estoy para servirte y darte el mayor placer.
- Tócate, tócate y gime, que te oigamos bien.
Después de las cartas, cuando yo estaba otra vez muy excitada, me ordenó mi amo bajarme a cuatro patas. Él se sentó en la cama con su miembro en evidencia, me puse a mamársela. Pedro me cogió de la cintura con fuerza, para que no escapara, puso su polla en la raja el culo, lo abrió y me la hincó. Estaba con una polla en la boca, otra en el culo. El fotógrafo estaba de nuevo muy excitado. Mi Amo le mandó tumbarse debajo de mí y que me follara el chocho. Yo flexioné un poco las rodillas y de pronto tuve su polla dentro.
Pedro decía lo guarra que era. Que era una puta, pero que tenía que ser más puta aún y lo decía mientras me tiraba del pelo.
Los cuatro estábamos como en éxtasis, el fotógrafo mirando la escena y follándome el chocho con cada vez más fuerza. Pedro me follaba el culo mientras me azotaba, me tiraba del pelo o me estrujaba las tetas que colgaban. Mi Amo decidió ponerme pinzas en los pezones, a la vez que me follaba por la boca. Me ordenaron de follar sin parar, ellos tampoco paraban, eramos cuatro sexos que se movían a la vez en busca de un gran placer. Yo buscaba el placer de mi Amo, verme follada por otros tíos. Pedro me recordaba la gran puta que era. El muchacho no paraba de repetir puta, puta, puta, más que puta, puta... Pedro decía te voy a follar, te voy a follar como a una puta, te voy a follar como a una puta.
Mi Amo decía folla puta, folla puta, folla puta, folla puta....... ¡FOLLA PUTA............!
De pronto un golpe dentro de mi cuerpo, un coro de gemidos al unísono, en concierto, solapándose unos a otros, durante un tiempo que se hizo etérico, nuestros almas se adentraron en el más allá, traspasando las fronteras de este mundo para encontrarse todos frente a la puta y la puta frente a su Amo.
Divina Perla, 15-01-2005