Como te decía siempre soñaba que fueras mi amante, y quería que tú sintieras tanto placer que tu deseo fuera muy fuerte y me desearas siempre. Por eso, aunque en silencio, he soñado contigo muchos días y no te he informado, me parecía completamente inútil desvelar mis anhelos.
Por qué contarte que soñaba esperarte en mi cuarto desnuda, tan solo cubierta de un chal negro, de rodillas, fumando un cigarrillo, echándote el humo al abrir la puerta y esperar a que quizás me besarás o bien me abofetearás, por ser tan fulanilla. Seguía fumando mientras te acercabas y besabas mis labios, gustando ambos del preciado manjar de una boca con deseos de otra boca, de unos besos con deseos de más besos. Y cómo de pronto, soltabas un manotazo a mis pechos desnudos que se erigían hacia ti, a rendirte pleitesía y darse y mostrarse dignos de tus manos y tus besos.
"Me gusta que te toques ante mí" "muéstrame como te tocas tu cuerpo de puta". Tú te sentabas en frente de mí y yo aún de rodillas, comenzaba a obedecer tus órdenes, apretando con mis manos mis tetas deseosas de ti, y apretando mi chumino que destilaba el deseo de ti.
Me acariciaba con mis manos mis pechos y genitales, retirando suavemente el chal que me protegía de tu mirada, esa mirada casi burlona, que me humillaba, pero que yo no quería decepcionar. Mientras masajeaba mis tetas, las juntaba y las volvía a separar, sacaba mi lengua y te mostraba como soy capaz de chupar, te lanzaba una mirada entre tímida y atrevida, esperando que me ordenarás acercarme a tu lado, pero no, nada de eso se producía. Seguías esperando que me tocara más y que mis manos descendieran hacia mi coño, lo descubriera y te lo enseñara, abierto, hambriento y sediento. Entonces, me ordenabas tumbarme y abrirme delante de ti, mostrándome tal y como soy, tocándome y dilatando mi coño por ti. Querías un dildo, pero no había a mano, yo te deseaba a ti. Deseaba, si me permite decirlo, rabiosamente su rabo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario