SUMISA_ENCADENADA
No sé como fue pero allí me encontraba. Un hombre, de unos cincuenta años, fuerte, varonil, hecho a mi medida. Una mujer de negro, cuidada y bella. Yo, con mi vestido negro ceñido, sin tirantes, y corto, zapatos altos rojos de tiras atadas hasta mis rodillas.
Había bebido dos wiskys, no era mi costumbre, me dejaron en manos del destino que había deseado pero que el miedo me paralizaba y no podía aceptarlo en plena lucidez.
El hombre era amo ya de la mujer que le acompañaba, le había colocado a ella una cadena a modo de cinturón de castidad. Yo estaba con ella sentada en el sofá y mientras se preparaba para someterme como nadie antes lo había hecho, le mandó que se levantara la falda y me enseñara su chumino pelado y atravesado por la cadena, ordenándome que lo acariciara y comprobara su humedad.
Volvió y me mandó levantar, yo lo hice con la cabeza baja sabiendo que sería dominada. Mis manos atrás, según sus órdenes...las muñequeras me fueron puestas y unidas. Estaba de pie, con las manos atadas, la cabeza baja, mi pelo suelto, mis piernas temblando. Me tapó los ojos y en ese momento me sentí completamente en sus manos. De pronto, me bajó el vestido de un lado, y un pecho quedó al descubierto, acariciándolo y pellizcándolo, apretando de mi pezón y estirándomelo. Me besó en la boca, diciéndome al oído -“puta viciosa”- , serás castigada por tu vicio. Me bajó el otro lado del vestido y volvió a acariciarme el pecho, apretándolo, pegándolo con la mano, cogiendo mi pezón y estirándomelo, mientras yo gemía, - ¡ ay...ay...ay...!. Fui guiada hacia un taburete y me mandó sentar. Me puso su polla sobre mi boca y yo se la mamé con destreza. Le gustó y así se lo hizo saber a la mujer. Desapareció. Con la cabeza baja, esperé que volviera, no sabiendo que iba a suceder. La mujer permanecía sentada en el sofá. Al cabo de unos minutos, sentí sus pasos, descargó unos latigazos sobre mis tetas, que estaban ya con deseo. Me pegó con su mano firme y me colocó una pinza en cada pezón, -¡Ayyyyyyy........AAAAAyyyyyyy......! ¿Te duele puta viciosa, te duele? Eres una zorraaa... – Me volvió a besar, mientras mis pezones se ponía tiesos por el dolor, sus dedos exploraban mi clítoris y se apercibían de su humedad, retiraba la tira del tanga y me hacían daño, repetía – Zorra, puta viciosa, mereces un castigo por haber sido infiel a tu marido-. Me puse de pie y la mujer me bajó el vestido y me quitó los zapatos y después el tanga, tocándome el clítoris con sus dedos y percibiendo también mi excitación. Luego, desnuda me flexioné y le ofrecí el culo para que dispusiera de él, lo flageló, primero suavemente y después con rabia, diciendo que era una puta viciosa que debía ser castigada. En esa posición me metió sus dedos en el chumino y después en el ano, empujando hacia dentro. Yo gemía, no dejaba de gemir, las pinzas me hacían daño. La mujer de rodillas comenzó a lamerme el chumino con su lengua y el ano, mientras el hombre me decía lo puta que era y me preguntaba:
- ¿Qué es lo que eres?
- Un puta viciosa, señor.
- Así me gusta, que lo digas y me trates como lo que soy, tu señor.
- ¿Y que más eres puta?
- Una zorra, señor.
La mujer seguía lamiéndome el chumino, el señor me colocaba un collar de perra y yo seguía gimiendo.
_¿Qué es lo que eres?
- Su perra, señor....su perra, señor.
Me incorporé y me dirigió hacia otra habitación pegándome con el látigo.
- Entra en tu celda de castigo, puta.
Un grito de dolor envolvió la estancia, al empujarme hacia la cama, las pinzas de mis pezones se habían doblado, me volví instintivamente y el señor me quitó las pinzas mientras me besaba...De lado, me desató las muñequeras, me puso boca arriba, me hizo poner las manos hacia arriba de mi cabeza y ambas manos unidas las encadenó a la pared. Mi cuerpo estaba excitado todo él, mi clítoris inflamado, mi chumino a punto de estallar, era una mezcla de deseo, miedo, dolor, placer...entrega, en sus manos estaba encadenada...mis piernas juntas, tenía miedo. Me mandó separarlas, me dijo que en su presencia siempre separadas. Abierta de piernas, me flageló el chumino. Mis gemidos eran de placer más que de dolor, continuó flagelándome las tetas y si cerraba las piernas, volvía más fuerte a darme, diciendo que la posición de una puta tan viciosa como yo era abierta que así debía estar siempre. Subí, según sus órdenes, las piernas abiertas y me puso una tobillera de cuero en cada tobillo que enganchó a unas cadenas. Me encontré totalmente suya, me besó y me puso una especie de chupete sin sujetar que debía morder, mientras preparaba la cera que me derramaría por mis senos, por mi pubis, por mi sexo.
Era el castigo que merecía por haber engañado a mi marido, por haber follado con otros. Ahora sometida por el señor de la celda de castigo y bajo sus órdenes podría follar purificada en cada instante por su fusta, sus látigos, sus ...cadenas. Me decía que con él sería féliz, sería la mujer más féliz del mundo, sería lo que yo siempre había deseado y me haría follar sin piedad, sometida a su voluntad. Terminada la cera que había caído sobre mi piel como fuego purificador, con un consolador vibrador me acarició mi chumino, mis labios, mi clítoris y me penetró.
- Te voy a llevar a una casa de sado. Te voy a meter en una jaula y con el consolador puesto para que estés caliente.
- ¡ Ay...ahhhhhhffffffffg......ahhhhhhhhhhhffffffgggggg........!
- Puta viciosa -. Siguió dándome ora con los látigos, ora con la fusta, ora en los pezones, ora en el chumino.
Entró la mujer, y fue ordenada lamerme el ano y preparármelo para recibir. No servía de nada negarme, era posesión del señor, tanto ella como yo. Sus órdenes eran tajantes: disponer mi ano para recibir su polla o un consolador. Decidió poner un consolador. Todo mi ser estallaba de placer. Sabía que el señor se había encaprichado conmigo y me deseaba ya para siempre suya, sometida y entregada para entregarme, venderme para sesiones, y castigarme.
A cada castigo me correspondía una caricia y besarme la boca para susurrarme al oído que toda su vida había soñado una mujer como yo, que quería que fuera su mujer, que yo era el sueño de su vida.
La mujer miraba como su señor se excitaba conmigo, como me daba a la boca su polla y me empujaba diciéndome que toda, que toda entera, que toda entera en mi boca.
- Lo haces muy bien. Se ve que eres experta en chuparpollas. ¡Puta! Pronto lo serás. Te llevaré a una casa de sado y sometida te daré a esclavos para que te follen sin cesar.
- ¡Señor, señor.... ayyyyyyyhhhhhhhh!
- Así... me gustas excitada y castigada por ello. Cada vez que folles tendrás tu castigo. Y sólo te correrás conmigo. Y cuando yo te diga.
- Si, señor.
Ordenó a la mujer que me quitara los consoladores. Me lamió el chumino, lo mordió, lo saboreó, lo volvió a lamer. Me dio su polla a mamar, me pegó con ella en la cara. Me insultó... Me penetró abierta con los tobillos encadenados, sin poder defenderme. Entró y salió de su chumino tantas veces como quiso, lo chupó, lo pegó, lo castigó y penetró con ímpetú, ordenándome de correrme, en tanto que dando saltos en la cama, llegando al fondo, contorneando su polla en mi chumino, apretando mis tetas, pellizcando mis pezones, diciéndome como me haría follar en una casa de sado, se corrió dentro de mí, sintiendo yo su calor, su gozo, su espesura, su leche invadir mis entrañas y su corazón latir.... Aproximó su polla a mi boca, la lamí, bebí de su leche. Me besó la boca, su lengua exploró toda ella, sus besos invadieron mi cara. Y ... esa noche durmió a mi lado. Yo encadenada a sus cadenas, presa de su deseo, de sus caprichos... y de su ternura.
Divina Perla
Que trabajo mucho del coco, ¡eh!
ResponderEliminarEs un relato...¿ok?
Que trabajo mucho del coco, ¡eh!
ResponderEliminarEs un relato...¿ok?