Estábamos con mi deseo de disfrutar de tu leche caliente, pero no era el momento. No querías malgastar tu precioso fluido en el segundo asalto, querías que nos encendiéramos más y más para tener un climax amplio y extensible a todas las células de nuestro cuerpo. Nos seguíamos besando cuando me empujaste hasta la cama que se hallaba a nuestro lado, yo seguía en mi desnudez sintiéndome tuya y entregada. Instintivamente me puse a cuatro patas y tú, preso de excitación, tomaste tu polla y la rozaste por mi culo, con tus manos abarcaste a duras penas mis nalgas y tomaste tu cinturón, y empezaste suavemente a darme algún cintazo, mientras yo gemía. Me castigabas por un mal comportamiento, por dudar de ti, por falta de paciencia, de espera, por querer hacer sexo con otros sin tu consentimiento, por ser muy puta y guarra...Empezaste lentamente pero progresivamente me ibas azotando más fuerte.
De mí misma dejé esa posición y me volví en la cama, ofreciéndome con las piernas abiertas y mi pelvis en tensión, busqué con mis brazos tu cuerpo y tus caderas y encontré tu boca y tu polla, tu boca en mi boca, susurrandome que querías poseerme y tu polla invandiendo de golpe mi cueva caliente y húmeda, entrandola y sacándola sin pausa, yo quería tenerla y con mi cuerpo la buscaba en cada sacudida. Oh, Dios! qué deseo más fuerte! De pronto, abandonaste los besos de mi boca y me dijiste, "sabes lo que eres" "una zorra", dije "no", entonces me abofeteaste el rostro y me escupiste mientras tu polla seguía en mi coño clavada. Me la sacaste y sentado en mi pecho me la diste a chupar, te la chupaba y te acariciaba tus huevos, me escupías cuando te parecía y también, me besabas. Yo ardía por dentro, te deseaba y te esperaba con el chocho abierto y volviste furiosamente a clavármela, mientras tu cuerpo se extendía sobre el mío y me mordías las tetas, que estaban ofrecidas y nos meneamos como dos animales ansiosos, y sentíamos como estábamos a punto de orgasmar pero tú te retirabas cuando percibías que me sobrevenía, y así hasta que no pudiendo más, me autorizaste a dejar que el placer se difundiera por mi cuerpo y cada una de mis células vibrarán por ser tuya.
Tú tenías inmensas ganas de llegar, pero querías hacérmelo como a una perrita, y me colocaste a cuatro patas, me cogiste del culo, y por el chocho me volviste a meter tu polla y comenzaste a follarme como un loco, haciendo el mete saca hasta que impulsado por una fuerza interior, me la clavaste, me cogiste del pelo y te vaciaste con pasión llenándome de tu semen. Tu cuerpo se estremecía desde los pies a la cabeza y el mío también seguía estremeciéndose. Nos abrazamos en un intenso abrazo esperando que pronto pudiéramos de nuevo revivir estos momentos tan pasionales.
Perla
