Cuando bajé protegida por mi perrita, el hombre borracho, que se había atrevido a llamar a mi puerta buscándome, me dijo, te anhelo, esas dos palabras resonaron en mi cabeza con un significado especial. Como él recasado, con hijos, borracho en medio del día y en plena luz, en medio de reunión familial, se atrevía a impactarnos suplicando que bajara a hablar con él. Sólo pedirme tomar un café y hablar conmigo. Yo, exactamente yo era la persona que le comprendía y nadie más. Sentí que era verdad, y que aunque responsable por serlo, qué podía hacer por él, bebido, sin vergüenza, me pedía que le escuchara, quizás y más seguro, abandonado por sus seres queridos que demasiado lo sufrían, pero yo que podía hacer por él, si él traspasaba los límites del buen comportamiento social.
Hace exactamente diez años, siendo sábado y al final de agosto, a las cinco de la tarde, en plena siesta, recibí un sms: "estoy tirado como una colilla, llámame". Yo sabía quien era él, le llamé no podía hacer de otro modo, se sorprendió, no supo a qué número llamaba, pero era yo. Cogí el coche, fui adonde él estaba tirado, lo recogí, lo llevé a mi casa, y en sentido figurado le lavé sus heridas del alma. Nos sentimos cómplices y disfrutamos de una estupenda velada, olvidados de los demás, de los que le estaban esperando.
Cuando me cruzo por la calle con él, le rehuyo, no quiero saber nada, tiene a su mujer que la noto recelosa, y aunque no he dado motivos si pasó hace un par de años, que estando yo bailando con un amiga en un bar disco, noté que alguién me miraba fijamente, entonces yo seguí bailando aún más ilusionada porque alguien posaba sobre mí su mirada y no se cansaba, yo tampoco, estaba encantada, además me parecía un tipo interesante el que me miraba. Dejé de bailar y me dirigí hacia donde estaba ese seductor a distancia, y según me iba acercando, de golpe, le reconocí, era él, este mismo individuo, de la colilla, del te anhelo, y cuando llegué a su altura, la risa me brotó a carcajadas porque era simplemente él. Me preguntaba por mi amiga, era rubia. Entonces, por el rabillo del ojo, vi a una tres mujeres, en corrillo, una de ellas me miraba sin quitarme ojo, y yo reía. Tardé en darme cuenta, era su pareja. Entonces aceleré la despedida.
Escribo esto, porque esta noche he soñado en estas dos palabras: TE ANHELO
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