Estaba tan sexy...que me daban ganas de amarme a mí misma delante de la webcam y recoger el vídeo de una belleza incomprendida, me encontraba tan sexy, que íntimamente me sentía excitada. Todo en mí formaba parte del mismo ritual que cada vez que lo encontraba realizaba. Ritual que siempre llevaba con la misma devoción. Primero arreglaba el salón y movía los muebles, según la escena que previamente hubiera yo imaginada o imaginado con él, vía internet o sms. Aquel día, despejé una pared central, en ambas esquinas penden dos macetas con hermosos potos que cuelgan, había que descolgarlos sin que las plantas se rompieran. Así lo hice, aparecieron los anclajes que mantendrían el cuerpo de mi perro atado y que en el caso de pretender moverse, le sería imposible. Estaba el salón medianamente vacío pues en la mesita pequeña siempre ponía los utensilios que me servirían para dar dolor y placer y para obligarle a que me complaciera y sirviera, y se pusiera de rodillas y me rindiera la adoración que merece toda Ama, que acepta tener un perro.
Tener un perro no es sacarle dos veces al día y alimentarle y educarle. Tener un perro representa, sin duda, alguna, un compromiso firme y una entrega recíproca asegurada. En la sesión que preparaba, sabía que mi perro venía por su ración semanal de dolor, de dolor, y de íntenso placer ... hasta quedar exhausto... y sabía también que él deseaba con todo su ser entregarse y ser mío. Sabía que kilómetros antes de llegar a la puerta, sufría porque sus genitales no le dejaban en paz, se los tenía que atar a mi demanda y venía con ella hecha una piedra de dura.
Me excitaba saber que ya estaba cerca, que me faltaba solo unos minutos para tenerlo allí, delante de mí, vibrante su cuerpo y jadeante, tembloroso de llegar y con las ansías de entregarse sin límites, ser sometido, humillado y azotado y poder al mismo tiempo, besar los pies de la mujer que es, ha sido y será, el instrumento de su éxtasis, mística y cénit de su sexualidad y sensualidad. ¡Te adoro Ama! te lo digo con mi mente, mi cuerpo y mi corazón.
Eso es dominio, un poder de Dómina insuperable y lleno de energía
ResponderEliminarMi poder reside en las ansias de ambos de sentirnos atrapados. Siéntete, perro mío, atrapado en las redes que tejí para que no pudieras escapar de mí.
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