A ÁQUEL QUE SÓLO ÉL SABE
Cuando Tú le entregas tu vida, no temas.
En ese instante sublime, Ella recibe tu vasija de barro y mármol
en sus manos.
¡Tierra y mármol ¡
que serán esculpidos por un corazón frágil y fuerte como tu tierra y tu mármol.
En ese instante donde su posesión se engrandece con tu ser
Tu Ama se ilumina para ser la antorcha que guía tu trance
y el de Ella...
En ese instante supremo, tu Ama aprecia tu vida más que la suya.
Y como preciada joya la engrandece, porque descendiendo
hacia la humildad del ser,
te dirige hacia el espacio sideral donde la hipocresía no existe,
ni el tiempo ni la materia.
Tu viaje, conmoción jalonada por el dolor, te purifica y eleva.
Saliendo de ti mismo, en la semioscuridad
corres hacia las montañas por donde sale el sol y renace la vida.
Tu lucha apasiona y excita su dominación, la vivifica y aumenta
su entrega apasionada y sin límites.
Tu lucha la transporta hacia la intimidad de tu alma y de tu mente.
Tu mente domina sus actos y los enriquece.
Sus actos dominan tu dolor y tu placer y los hace rebosar del vaso que los contiene, los da rienda suelta y los libera.
Su trance deshoja las esencias de la vida, traspasando lo convencional y adentrándose en tus entrañas y en los entramados de la grandeza de una pasión.
A solas con Ella emprendes tu viaje, confiado en que su placer será tu placer, en que tu placer será su placer, en una íntima y absoluta reciprocidad del ser humano.
Sin miedo y sin temor, deja que su mano
Te guíe hacia las cumbres del éxtasis.
No temas ni la olvides.
En ese instante sublime, Tú le entregas tu vida
Ella... su identidad, es decir, todo.
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